Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

martes, 8 de diciembre de 2015

El derecho de la trama

P. Diego de Jesús




De Dios sabemos más lo que no es que lo que es. Así han insistido los antiguos con acierto. Se llama conocimiento “apofático”, un saber negativo, un saber lo-que-no. De esta forma decimos que Dios es infinito, pues no es finito; que es inmutable, pues no puede cambiar; que es increado pues no es creatura. No son eufemismos vacuos, ciertamente, ni ceros después de la coma; aportan un conocimiento real, aunque claramente pobre, pues sólo nos va despejando el tablero de lo que no-es, sin lograr hacer foco “katafático” (afirmativo) sobre lo que sí-es. La desproporción entre Dios y nosotros es el motivo elemental que justifica este límite cognitivo. Y es el inmenso desafío de la Fe que busca entender, irse abriendo paso –despacito y con extrema humildad- para avanzar de lo que Dios no es hacia lo que sí es. Hay que andar ese camino… para no quedarse con la mera descripción de una selva tropical como “un lugar sin nieves”.
Bien

Algo semejante ocurre con la Virgen María. Y por razones parecidas: si bien ella es una creatura, al ser la más excelsa de todas, lindante con lo divino, es más lo que sabemos de ella que no-es, que lo que logramos enfocar positivamente. Y el peligro, o la pena, es que nos contentemos con eso; que nos aburguesemos resignados a la apófasis mariana, al trópico sin nieve. Y así sabemos que ella NO conoció varón y que tal es su triple virginidad. Y sabemos que NO se corrompió su cuerpo tras su muerte sino que fue elevada al Cielo y que tal es la Asunción. Y sabemos –y de eso trata la Fiesta de hoy, tal vez la Fiesta más emblemática de la Madre de Dios- que NO tuvo pecado, ni original ni originado y esa es la Inmaculada.
Y es todo cierto y firme y seguro.
Pero el amor es intrépido.
Y quiere positividad. Reclama positividad. Demanda que se le dé vuelta el tapiz y que podamos ver el derecho de la trama, los rasgos afirmativos de nuestra amada Madre. Hoy es un día en que acuciar esta audacia interior y si la timidez o el retraimiento nos refrenan, tomarle la mano al salmista, para escudarse en su parresía y poder lanzar a voz en cuello: ¡tu Rostro, Señora; no me escondas tu Rostro; muéstrame la hermosura de tu Rostro! ¡No me alcanza ya con saber quién no eres: quiero ver la positividad de tu mismidad, la lumbre de tu Rostro!

Hoy es un día en que plantarse y decir: no me basta ya saber que no pecó. Quiero poner en foco su “plenadegracia”. Sí, así, todo junto, pues en verdad es un nombre propio. Si uno lee más demoradamente el texto de la Anunciación (por todos tan conocido), notarán, tal vez con sorpresa, que la Virgen no se conmociona ante la noticia del Ángel de que va a dar a luz un hijo del Altísimo. La conmoción es previa a esa noticia. Y podría pensarse entonces que, lógicamente, se trate entonces sin másde la presencia de un ángel en  la casa, razón suficiente para llenarse de temor y estupor. Pero no. El texto es claro: María queda completamente estupefacta por “el saludo del ángel”, por el nombre con que el ángel la llama, tras decirle “María”.
Alégrate María-Llenadegracia.
Y María, que medita desde chica las Escrituras y las historias sagradas que allí se contienen, sabe que un cambio de nombre, por parte de Dios, es mucho más que un gusto por los apodos. Es una revelación de identidad.
Por eso, María, conmovida, se pregunta qué pudiera significar ese nombre nuevo: Plenadegracia.

No sabemos cuánto le llevó entenderlo, pero en la gradualidad que haya sido, poco a poco ella misma se fue acercando al misterio de su identidad más profunda y a contemplar la asombrosa peculiaridad de su propio ser. Como fuere ciertamente lo entendió “en positivo” y no por el revés de su propia trama. María jamás se pensó a sí misma como la sin-pecado, sino como una colmada y desbordada sobreabundancia de gracia.

Por eso me atrevo a que le pidamos nosotros a ella misma la gracia de conocer este Misterio, o al menos de irnos aproximando a este Misterio, al modo como lo hizo ella: viendo lo que había en ella y no lo que estaba ausente. La belleza de los colores de un cuadro, y no la maravilla con que éste carezca de tizne y hollín.

Hoy es la Fiesta de la Inmaculada concepción. Tapiz que si damos vuelta nos mostrará, en un resplandor incandescente, de lo que en verdad se trata: la Fiesta de la Radiante creatura, de la Toda Pura, Fiesta de la Más-Hermosa, concebida como pura luz.
Es mucho más que la no-mácula. Es la sí-perfecta.
Y esto en todo y en cada una de las virtudes. Y el deseo y la audacia del amor han de mover a aplicarlo muy concretamente para pensar-imaginar-contemplar a nuestra Madre. Ella no es meramente la que no-tiene soberbia, sino la Plena de Humildad; no es la que no tiene egoísmos, sino la Plena de entrega y generosidad; no es la no-agresiva sino la llena de dulzura, de serenidad, de paz…

Mirar en María la ausencia de pecado puede tornarse una mirada vacía, que sólo hiciera foco en las cavidades oculares de ojos vacíos. Mirar en ella, en cambio, su desborde de gracia es dar con su límpida mirada: viva, diáfana, única, encandilante, capaz de derretir al más insensible y gélido de sus hijos.

No, no; definitivamente no es un mero elogio, una mera expresión de amor y cariño decirle a la Virgen María que es la Más-bella. Más bien sea seguramente esa la expresión teológica más rigurosa, exacta y certera con que balbucear la condición de esta creatura impar.

Concédenos, Madre nuestra, aunque tan sólo fuera por un instante, verte esplendente de Hermosura, en el derecho de tu trama. Y saber así que en Ti no sólo no hay pecado, sino que hay Vida abundante. Saber que en tus ojos –esos, tus ojos misericordiosos- hay una misteriosa luz que apaga todos nuestros dolores y temores, pues Tú, Señora nuestra, derramas plateada lumbre de estrellas sobre nosotros, tus desterrados hijos, para ayudarnos a andar esos parajes oscuros, cuando toda otra luz se apague.
Lávame con tu mirada de Luz, oh Llena de Gracia, antes de envolverme y cobijarme de nuevo en el oscuro revés de la trama de tu manto.



P. Diego de Jesús
8 de diciembre de 2015
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María


“¡La Iglesia debe respirar con los dos pulmones!” (UUS 54)


Convencidos de esta conocida expresión de Juan Pablo II, escrita y pronunciada por él en numerosas ocasiones, nuestro blog intenta colaborar en la difusión de la riquísima teología espiritual del Oriente cristiano, especialmente en lo que respecta a la Oración de Jesús y la corriente espiritual en que se origina y desarrolla denominada hesicasmo.

Estos dos pulmones –Oriente y Occidente-, con los cuales debe respirar la Iglesia, conforman un invalorable patrimonio teológico-espiritual, un verdadero tesoro cuya diversidad y belleza viene inspirada por el mismo Espíritu.

Sin cambiar la finalidad y el tema que desde el inicio tiene este blog, queremos abrir una nueva sección en la que se presenten textos, estudios y artículos de autores occidentales.

Ayudando así a que muchos hombres y mujeres de hoy, sedientos de Dios, puedan respirar con los dos pulmones, alimentarse tanto de una como de otra tradición, y hacerlo de modo natural, como hijos y hermanos de una única Iglesia y de un mismo Cuerpo, el del Señor resucitado.  
  
“En los santos resplandece de modo especial la luz de Cristo, que ilumina el rostro de la Iglesia (cf. Lumen Gentium, 1). Su veneración es un puente que une vitalmente a las Iglesias de Oriente y Occidente, favoreciendo el intercambio de los dones espirituales y el camino hacia la plena unidad”
Juan Pablo II, Ángelus del 18 de agosto de 1996.


“Dejándonos interpelar por las demandas del mundo, escuchándolas con humildad y ternura, con plena solidaridad hacia quien las hace, estamos llamados a mostrar con palabras y gestos de hoy la inmensas riquezas que nuestras Iglesias conservan en los cofres de sus tradiciones.”
Juan Pablo II, Orientale Lumen, 4.
   
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Agradezco mucho a Ediciones Qiqajon, del Monasterio de Bose, y a la Fundación San Juan –que desde hace varios años viene haciendo un importante trabajo de traducción y edición de las obras de Hans Urs von Balthasar y las de Adrienne von Speyr- por permitirme, generosa y desinteresadamente, difundir en este blog los invalorables textos por ellos publicados.

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Hans Urs von Balthasar y Adrienne von Speyr

- Juan Manuel Sara. Descensus ad inferos, Aurora de la EsperanzaVer

- Un laico del Cristo Orante. Breve reseña de Hans Urs von Balthasar. Ver

- Adrienne von Speyr. La luz del sí. Ver


Espiritualidad renana y los “Amigos de Dios” (Gottesfreunde).

- Fr. Brian Farrelly, O.P.  La ‘vía Eckahardi’ como itinerario espiritual para la unión con Dios. Ver

- Fr. Brian Farrelly O.P. La Trinidad divina y la deificación del hombre por el nacimiento del Hijo en el alma, según los escritos del Maestro Eckhart. Ver . Descargar artículo

- Fr. Brian Farrelly O.P. El camino trinitario a la deificación conforme a los místicos renanos del siglo XIV: Maestro Eckhart, Juan Tauler y el Beato Enrique Seuze. Ver . Descargar artículo.


Espiritualidad carmelitana.

- Un laico del Cristo Orante. La alegría de ser pequeños. Ver

- Jesús Castellano Cervera. La novedad de la vida evangélica de santidad para todos. Teresa de Lisieux. Ver

- Santa Teresita de Lisieux. Los ángeles en el pesebre de Jesús. Ver . Descargar artículo

-  François Marie Léthel. Jesús en los escritos de Teresita de Lisieux. Ver . Descargar artículo

- San Juan de la Cruz. Romance sobre el evangelio "in principio erat Verbum".Ver . Descargar artículo

- P. Maximiliano Herráiz García. La nupcialidad en San Juan de la Cruz. Ver . Descargar artículo

- Cecilia Inés Avenatti de Palumbo. Experiencia teopática y lenguaje teofánico. La condición fronteriza de la Hermosura en la estética de Teresa de Ávila. Ver. Descargar artículo

Espiritualidad cartujana.

- Reportaje al Prior General de la Gran Cartuja. Ver

Otros grandes autores.

- Louis Bouyer. El sentido de la vida monástica. Ver

- Jean Lafrance. Ser un hombre de oración (Primera Parte).Ver



La ‘vía Eckhardi’ como itinerario espiritual para la unión con Dios

Fr. Brian Farrelly, O.P


Fr. Brian Farrelly, O.P.
 (02/12/1920- 11/06/2003)


El Lebemeister* ofrece en sus obras un camino de perfección cristiana cuya amplitud conduce desde los estadios iniciales a los más elevados de la vida mística, con una búsqueda permanente de Dios en el seguimiento de Cristo hasta la completa deificación mediante la unión de amor con las divinas Personas en la abismal Deidad.

Eckhart presupone como base elemental una buena vida espiritual bajo el régimen de la gracia habitual y el ejercicio de las virtudes. El estado de gracia es el que da valor sobrenatural a las obras del hombre justo en la perspectiva eckhartiana. No son las obras las que santifican al hombre, sino el hombre justo (o ‘noble’) quien santifica las obras.


1. Dimensión deificante del dejamiento o abandono.

Sobre esa base y para una mayor profundización de esa misma vida, el hombre ha de abrir su alma a la voluntad divina con una entrega total de la propia. Por la renuncia a toda posesividad de las criaturas (la Abgeschiedenheit), el alma queda libre para abandonarse enteramente al beneplácito divino (a la Gelassenheit) en un vacío que Dios sólo puede colmar, tomando posesión del alma que se le entrega y que él llama a una mayor intimidad en comunión de amistad con las Personas de la Trinidad. A semejanza de lo que es propio de cada Persona en Dios, según el orden de las procesiones y misiones trinitarias, el alma queda divinizada como imagen del Hijo en quien se refleja el Padre, y en esa imagen arde el Espíritu Santo que procede de entrambos. El Hijo es engendrado y nace en el ápice del entendimiento, que es lo más espiritual del hombre. Por la misión divina invisible Él se encuentra de un modo nuevo en el espíritu justificado por la gracia y un toque invisible del Espíritu enciende en el alma la centella (Funke, Fünklein), que arde como fuego divino. El Espíritu, enviado juntamente con el Hijo, y la fruición del Padre que se da juntamente con ellos, hacen que el hombre llegue a sentirse más Dios que criatura.

Dios y el alma tienen entonces un mismo ser, un mismo obrar, por transformación de amor, no porque de las dos naturalezas se haga una sola. La no-distinción es obra del amor unitivo transformante. Eckhart insiste en que el alma no se hace Dios –permanece la alteridad personal- y en que Dios está de ese modo en el alma, pero que no es el alma. Cada uno es en el otro, como el conocido es en el que lo conoce, y como el amado en el que le ama. En naturaleza son distintos, pero como en persona mística, son uno. Cada alma será transformada (verwandelt) en la medida de adopción que reciba en Cristo y por él. En forma perfecta este misterio será vivido sólo en la eternidad, por los bienaventurados. Sólo eso podrá saciar la ansiedad del alma enamorada.

Esta doctrina ha sido rectamente captada por los dos discípulos inmediatos y más fieles del Maestro, fray Juan Tauler (llamado Taulero en España) y por el beato Enrique Seuse (o Susón). El primero con preferencia por la predicación en los círculos de los Amigos de Dios (Gottesfreunde) y el beato más bien por el abandono en las pruebas y sufrimientos llevados con paciencia. Seuse escribió el Librito de la verdad en que defiende la recta interpretación de Eckhart, torcida por los favorecedores del Libre espíritu. Es además el que da la mejor descripción del “abandono” (der gelassener Mensch, die Gelassenheti). En el capítulo 49 de la Vida dice que el “hombre ‘dejado’ ha de hallarse separado de la criatura, conformado con Cristo y transformado en la Deidad” (“Ein gelassener Mensch muss enthildet werden von der Kreatur, gebildet werden mit Christo, und überbildet in der Gottheit”).

El casi contemporáneo místico brabanzón Jan van Ruusbroec (1293-1381), que sobrevivió más de cincuenta años a Eckhart, emplea con generosidad abundantes expresiones coincidentes en sus términos y frases con los de Eckhart [1]. Es extraño que el juicio del autor de un estudio sobre Ruusbroec publicado en el DS sugiera que éste “ha formado el fondo de su pensamiento espiritual a partir de su propio ambiente, y que era suficientemente maduro, estabilizado en su propia espiritualidad, cuando encontró tal o cual obra de Eckhart”. [2]

En el siglo XVI dos eminentes maestros espirituales españoles seguirán en sus obras la “via Eckhardi”: el dominico fray Luis de Granada y el místico doctor carmelitano san Juan de la Cruz.

Fray Luis Sarriá, más conocido como “Luis de Granada” (1504-1588), en su clásico Libro de la Oración y Meditación trata de la preparación a la contemplación y llega hasta el umbral de la vida mística sin entrar explícitamente en ella por prevención contra la arrolladora censura de obras espirituales publicada en el Catálogo de Libros prohibidos del inquisidor general Fernando de Valdés en 1559, en que aparecen condenadas obras de Erasmo, de Herp, del Maestro Juan de Ávila, los comentarios del arzobispo primado fray Bartolomé Carranza de Miranda, fray Gerónimo Savonarola, Francisco de Borja, el Libro de fray Luis, las Instituciones de Taulero, Serafín de Fermo y hasta las Vitae Patrum, entre otras obras de autores espirituales [3]. El granatense ubica la noción eckhartiana de la gelassenheit en forma similar a la noción de “devoción” que trata santo Tomás [4], en cuanto ésta  es la “prontitud con que el hombre está ofrecido y aparejado” para hacer la voluntad de Dios.

El santo carmelita castellano Juan de la Cruz (1542-1591) emplea asiduamente términos que responden a moldes de cuño eckhartiano. Además de “dejado”, “dejamiento” (que corresponden al germánico “gelassener Mensch”; “Gelassenheit”), usa también “transformado”, (que corresponde a “verwangelt”); “unión en la sustancia”: “Dios por participación”. Utiliza la comparación del fuego y el madero. Habla de “romper las telas que dividen la junta entre el alma y Dios” (locución semejante al durchbrechen de Eckhart). Trata de la “centella” que se enciende a cada toque divino, “endiosando la sustancia del alma”; toque “de sustancia de Dios en la sustancia del alma”. Ordena: “déjese el alma en las manos de Dios”; ésta ha de estar “dando a Dios al mismo Dios”; ha de “amar por el Espíritu Santo” como el Padre y el Hijo se aman en el “fondo de la sustancia del alma”, etc. La mayor similitud de expresiones se encuentra donde ambos místicos tratan de la unión mística y transformación “en uno”, de Dios y el alma, en la Llama de amor viva [5].

La afinidad de san Juan de la Cruz con Eckhart puede notarse también cuando el dominico escribe: “Él (Dios), es totalmente nuestra propiedad, y todas las cosas son nuestras en él” [6]; y el carmelita exclama: “Míos son los cielos y mía es la tierra. Mías son las gentes. Los justos son míos, y míos los pecadores. Los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí.” [7]

La mártir carmelita Santa Teresa Benita de la Cruz (Edith Stein) en su biografía de san Juan de la Cruz, Scientia Crucis en algunos párrafos resume la doctrina que es común al Maestro germano y al Doctor castellano: “El alma recibe solamente para retribuir: toda la luz y todo el fervor amoroso que le es dado por el Amado, le viene devuelto por ella; … Ya ella hace en Dios y por Dios lo que él obra dentro de ella por cuenta suya, y en el mismo modo como lo obra él… Por consiguiente, como Dios se le da con libre  gratuita voluntad, también la voluntad de ella –tanto más libre y generosa cuanto más estrechamente unida a Dios-, llega hasta el punto de devolver a Dios el mismo Dios, en Dios… El alma ve ahora que Dios es verdaderamente suyo, que lo posee a título hereditario con propiedad de derecho, dada su calidad de hijo adoptivo de Dios… Siendo él pues su propiedad, puede disponer como le parece (de él.… Y he aquí que lo ofrece a su Amado, que es el mismo Dios que se ha dado a ella”. [8]


2. En la perspectiva eckhartiana de la deificación por gracia, ¿puede participar de algún modo el Espíritu en los actos nocionales de las Personas divinas?

La gracia confiere al hombre un ser divino, haciéndolo deiforme. Santo Tomás enseña que “la gracia perfecciona al alma comunicando un cierto ser divino, por el que quienes poseen la gracia son hechos deiformes”. [9]

Por la gracia santificante y la caridad infusa que le es connatural e inseparable, la Trinidad divina habita en el alma [10].

Las Personas divinas se distinguen entre sí de modo puramente relativo, por las relaciones subsistentes en razón de su origen inmanente: del Padre procede el Hijo, como de principio sin principio; del Padre y del Hijo procede el Espíritu Santo, como de un solo principio. En modo alguno esas procesiones significan origen como un efecto procede de su causa, y ninguna Persona es anterior a la otra. En el “ahora” de un eterno “presente” y por oposición meramente relativa, las Personas de la Trinidad se distinguen entre sí en el seno de la Deidad.

Esas procesiones se originan por actos igualmente inmanentes llamados nocionales: el Padre es origen del Hijo por generación; el Padre y el Hijo son origen del Espíritu Santo por espiración. A su vez corresponde al Hijo como propiedad personal la filiación respecto del Padre; y al Espíritu Santo el “retorno” a su origen personal en el Padre y el Hijo. La generación es por modo de conocimiento, la espiración por vía del Amor. El Hijo es el Verbo eterno del Padre, el Espíritu Santo el Amor personal recíproco entre el Padre e Hijo. Cada Persona es en sí una relación subsistente: el Padre engendrando, el Hijo naciendo, el Espíritu Santo procediendo [11]

El Padre engendra a su Hijo en el alma como le engendra en la eternidad, y asimismo el Espíritu Santo procede allí como su común Espíritu de Amor.

De la inhabitación trinitaria en el alma nace una mutua “posesión” entre Dios y el alma: de Dios que se da, con todo lo suyo, y del alma que se entrega para ser plenamente poseída por Dios, manteniendo sin embargo entrambos su alteridad esencial.

Es Dios mismo, la Trinidad divina, quien está presente de un modo nuevo en el espíritu del hombre: al Padre se atribuye el efecto de la filiación adoptiva; al Hijo, haciéndole partícipe de su filiación y heredad; al Espíritu Santo la transformación por el amor: el Padre está presente dándose en su condición de principio sin principio; el Hijo y el Espíritu Santo por misión invisible. Es la realidad misma de las divinas Personas que se halla presente, comunicándose así al alma. En cierto modo, el alma y Dios se tocan espiritualmente [12]; conociendo y amando en esa condición, “la criatura racional alcanza al mismo Dios”[13].

El Maestro Eckhart, ¿enseña al menos implícitamente que el alma o espíritu que participa por gracia de la naturaleza divina, participa también de algún modo en los actos nocionales de las Personas divinas? Si fuera preguntado al respecto, es probable que respondiera afirmativamente.

Es verdad que los actos nocionales no implican de por sí relación alguna con las criaturas, sino que son puramente inmanentes a la Trinidad.

Pero las Personas que se dan, con todo lo que son y poseen, ¿no admitirían cierta participación en sus actos más íntimos, aunque fuese análogamente y a ‘imagen’?

Para una correcta interpretación del lenguaje místico del Maestro turingio es menester tener presente algunas premisas indispensables.

a. Las nociones de analogía y de participación, conforme a la concepción de Eckhart. Es doctrina suya que en la analogía de atribución –la única de que trata- tan sólo en el analogado principal se cumple verdadera y esencialmente la razón análoga, mientras que a los demás analogados se les atribuye por participación (en orden a; o por origen de).

b. Ello no excluye entre los analogados la diversidad de naturaleza, más bien la pide;

c. Algo puede proceder de otro o como efecto de causa o como emanación de principio no causal.

d. Una imagen, en cuanto tal, es formalmente idéntica a aquello de que es imagen, aunque según su naturaleza propia sean distintas.

e. Removidas de la Divinidad por abstracción mental las Personas, aún permanece la noción de la unidad de la esencia divina [14]; removida en cambio la propiedad personal, se quita también la Persona de quien es; así, si se abstrae la propiedad de paternidad o bien el acto nocional de generación en Dios, no se puede concebir la noción de la Persona del Padre, pues la “paternidad” es la misma Persona del Padre.

Esto supuesto podemos escuchar lo que nos dice el Maestro turingio: “¿Cómo engendra Dios Padre a su Hijo en el alma? En el modo como lo engendra en la eternidad. En la verdadera unidad de la naturaleza divina”[15] “En lo más elevado del alma” [16] “Donde el Padre engendra a su Hijo en mí allí soy el mismo Hijo y no otro” [17]. El “allí” sugiere el lugar de la “chispita” (Fünklein) del espíritu que se encuentra según Eckhart en el vértice de la más alta facultad del alma, el intelecto, que refleja la imagen de Dios.

“El hombre debe vivir de tal manera que sea ‘uno’ con el Hijo unigénito y que sea el mismo Hijo unigénito. Entre el Hijo unigénito y el alma ninguna distinción” [18]

Eckhart, refiriéndose al hombre unido a Dios (que es el hombre noble, dejado, vacío de criaturas y de sí mismo), dice que “es más Dios que criatura y puede llegar a ser lo mismo por gracia que Dios por naturaleza” [19].

El alma “engendra de sí a Dios de Dios en Dios” (el Hijo es ‘Dios de Dios’ como ‘Unigénito del Padre’ engendrado eternamente en Dios); tan verdaderamente el Padre en su simple naturaleza engendra de sí a su Hijo connatural, como lo engendra en lo más íntimo del espíritu… Aquí el Fondo de Dios es mi fondo, y mi fondo el Fondo de Dios. Aquí vivo de lo mío propio (siendo Dios mi propiedad), como Dios vive de lo que le es propio” [20] “Si pues debemos vivir en él o por él, es necesario que sea nuestro bien propio. Él es totalmente nuestra propiedad y todas las cosas son nuestra propiedad en él” [21].

Cómo no recordar aquí el bello texto de san Juan de la Cruz: “Míos son los cielos y mía la tierra. Mías son las gentes. Los justos son míos y míos los pecadores. Los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es mío y para mí porque Cristo es mío y todo para mí” [22].

“El Padre engendra a su Hijo sin cesar, digo aún más: me engendra no sólo como hijo suyo, sino que me engendra a mí como si yo fuera Él, y a Él como si fuera yo, y a mí como su ser y naturaleza. En la fuente más íntima broto yo del Espíritu Santo; allí hay una sola vida y un solo ser y una sola obra… El Padre celestial es verdaderamente mi padre, pues yo soy su hijo, y tengo de él todo cuanto tengo y yo el mismo Hijo y no otro. Porque el Padre hace una sola obra, por eso me hace como a su Hijo unigénito, sin ninguna diferencia” [23]

“El Padre engendra a su Hijo en el conocimiento eterno, y de la misma manera el Padre engendra su Hijo en el alma como en su propia naturaleza y lo engendra para que pertenezca al alma” [24]. Según un autor, el Maestro Eckhart aplicaría a la generación del Verbo la teoría del conocimiento intelectual humano: el “dejado” concibe en sí al Verbo mismo, a semejanza de cómo la inteligencia “concibe” el objeto conocido por obra del intelecto agente en el intelecto pasivo. [25]

En la potencia (Kraft) del alma “que no toca tiempo ni carne (el intelecto: Vernunft), el Padre eterno engendra sin cesar a su Hijo eterno de tal modo que esta potencia coengendra el Hijo del Padre y a sí misma como el mismo Hijo en el propio poder del Padre” [26].

“Si quieres verdaderamente hallar este noble nacimiento (como lo halla el ‘hombre noble’), debes dejar toda multiplicidad y regresar al Origen y al Fondo de donde has procedido” [27]

“Si yo hubiese salido ahora de mí mismo por completo y me hubiese purificado de lo mío, entonces el Padre celestial engendraría puramente a su unigénito Hijo en mi espíritu y yo lo engendraría de nuevo para él” [28] “Si he de ser hijo, tengo que ser hijo dentro del mismo ser que el Hijo y en ningún otro” [29].

“Allí donde el Padre engendra en mí a su Hijo, allí (en el intelecto) soy el mismo Hijo y no otro; aunque seamos diversos en humanidad, allí soy el mismo Hijo y no otro” [30]. “Una escritura dice: ‘Nadie conoce al Padre sino el Hijo’ (Mt 11, 27), y por tanto: si quieres conocer a Dios, debes no sólo ser semejante al Hijo, sino que debes ser el mismo Hijo” [31]

En correspondencia con este don del Padre, “el alma debe elevarse con toda su fuerza y ofrecerse en sacrificio al Padre en el Hijo; así será amada por el Padre con el Hijo” [32] Donde acaba la criatura (de ser en sí misma) “allí comienza a ser Dios. Lo único que Dios te exige es que salgas de ti mismo y que permitas a Dios ser Dios dentro de ti” [33] Eckhart propone al alma un éxtasis unitivo entre el mío-tuyo con Dios: “Debes hundir tu ‘ser-tú’ en su ‘ser-él’, para que lo ‘tuyo’ en lo ‘suyo’ llegue a ser un ‘ser-mío’ por mutua posesión de amor. Dios debe llegar a ser simplemente ‘yo’ y ‘yo’ simplemente Dios, de modo tan completo que este ‘él’ (Dios) y este ‘yo’ (el alma) sean uno,… y en este ‘ser-él’ obren eternamente uno sola obra” [34]. Cuando Dios atrae al alma hacia sí, “allí pierde el alma su nombre y su fuerza, pero no su voluntad y su ser. Allí permanece el alma en Dios, como Dios permanece en sí mismo” [35].

Una obra semejante realiza Dios en la voluntad por el Espíritu Santo como amor personal del Padre y del Hijo. “El Padre nada ama sino al Hijo, y aquello que encuentra en el Hijo” [36]. “Dios no tiene sino un Amor. Con el mismo amor con el que el Padre ama a su Hijo unigénito, me ama también a mí”. [37]

Eckhart traduce el texto de 1 Juan 3, 1: “Ved qué amor nos ha regalado Dios, que seamos llamados niños (kínder) de Dios, y lo seamos”. Y comenta: “No dice sólo ‘ser llamados’, sino también ‘que ya lo son’. Asimismo digo yo: Como el hombre no puede ser sabio sin sabiduría, tampoco puede ser hijo sin tener el ser del Hijo de Dios, y sin el mismo ser que tiene el Hijo de Dios… Por tanto, si has de ser hijo de Dios, no podrás serlo si no tienes el mismo ser que tiene el Hijo de Dios” [38].

“Del Espíritu Santo solo, en cuanto es Espíritu de Dios y Dios mismo, será acogido el Hijo en nosotros”…. “El Espíritu Santo sale (fluye) de todos aquellos que son hijos de Dios, conforme a que hayan nacido de modo más o menos puro de Dios, y según Dios, y en Dios superedeficados” [39]

Al Espíritu Santo corresponde el progreso del alma, su elevación a la santidad y guía en el camino de “regreso” (Rückkehr) a nuestro primer origen. “Del Espíritu Santo procede toda santidad… El Espíritu Santo toma al alma y la purifica en la luz y en la gracia y la atrae a lo más alto” [40]. “El Espíritu Santo toma al alma y la arrastra a lo alto, a su origen que es el Hijo, y el Hijo la continúa arrastrando a su origen que es el Padre, al Fondo, al Primero, en que el Hijo tiene su ser” [41] “La virtud (kraft) del Espíritu Santo toma lo más limpio, lo más delicado y lo más alto del espíritu, la ‘chispita’ (Fünklein) del alma y la arrastra hacia arriba inflamada en amor” [42]. Eckhart compara su acción con la del sol sobre el árbol: “El sol toma en la raíz lo más puro y delicado y lo lleva hacia arriba, a las ramas, y allí florece” [43]

La actividad divina inmanente de la Trinidad y los efectos de las misiones divinas en el alma son descritas por el Maestro Eckhart atribuyendo a cada Persona lo que es semejante, como efecto en el alma, a lo que es propio de dicha Persona en el seno de la Trinidad. El término de las misiones invisibles son el mismo Hijo y el Espíritu Santo, quienes están presentes realmente de un modo nuevo en el alma divinizada por gracia y cuya finalidad es conducirnos al Padre, primer origen y último fin, pues somos por adopción ese mismo Hijo y su Espíritu es nuestro, dado que le pertenecemos y estamos llamados a participar eternamente de su gloriosa eternidad.

Cuando Eckhart dice que Dios es un simple Uno, sin modo ni propiedad, se refiere a la Deidad considerada por abstracción mental como “anterior” (ehe) a las procesiones divinas de las Personas, en el sentido que explica santo Tomás [44].

Por más que con reverencia la mente humana considere el insondable misterio trinitario, siempre éste permanecerá oculto en su última realidad. Dice Eckhart: Dios no reposa donde es el primer principio (Beginn); descansa donde es el último término (Endziel) y el reposo (Rast) de todo ser. … ¿Qué es ese término final? Es la oculta oscuridad (Dunkel) de la eterna Deidad; es desconocida; no fue ni será conocida. Dios permanece allí desconocido en sí mismo; la luz del eterno Padre ha brillado eternamente en ella pero la tiniebla (Finsternis) no comprendió la luz” [45] Por “tiniebla” entiende Eckhart a la criatura en parangón con la Luz eterna. Comentando un pasaje del Éxodo [46] refiere algo semejante: “La oculta tiniebla de la invisible luz del Padre eterno ha brillado eternamente en esta tiniebla, pero las tinieblas no pudieron comprehender la luz” [47]. Su discípulo Tauler nos aclara el sentido de estas afirmaciones del Maestro. “Contempla (tú) la tiniebla divina que por su inefable claridad es oscura para toda inteligencia… Porque toda inteligencia creada se comporta por naturaleza frente a aquella como el ojo del ave nocturna ante el luminoso sol; y debe arroyarse en su nada saber y ceguera en cuanto es creada y criatura. Opón a tal luminosidad tu abismal oscuridad despojada de toda verdadera luz, carente de luz, deja que el abismo de la tiniebla divina, conocida sólo por sí misma y desconocida de todas las cosas (te ilumine). Este bienaventurado abismo, desconocido e innominado, será más amado y atraerá a las almas más que todo aquello que en la bienaventuranza puedan conocer (los santos) en el ser divino” [48]. En cuanto al retorno sobre sí y el retorno del alma al Padre que la llama, dice también Tauler: “(El Padre) se vuelve hacia su interior y se conoce a sí mismo y se vuelca (strömt sich aus) en la generación de su Imagen (su Hijo), que conoce y encierra en sí mismo; y se vuelve de nuevo en sí mismo en plena complacencia de sí mismo; esta complacencia se derrama como inexpresable Amor; que es el Espíritu Santo. Así, permanece Dios en sí mismo y se vierte y retorna a sí nuevamente” [49]. “La potencia (Kraft) del Padre llama al hombre hacia sí por su unigénito Hijo, y como el Hijo es engendrado por el Padre fluye de retorno hacia el Padre, así el hombre en el Hijo nacido del Padre fluye de retorno hacia el Padre con el Hijo y será uno con él… Y allí se vierte el Espíritu Santo en inexpresable sorprendente amor y placer y se derrama y atraviesa el fondo del hombre con sus amorosos dones” [50].

Con un lenguaje similar al del Maestro Eckhart, san Juan de la Cruz escribe que el alma unida y transformada divinamente “en cierta manera es Dios por participación;… hace en Dios por Dios lo que él hace en ella por sí mismo al modo que lo hace… está dando a Dios al mismo Dios en Dios, y es verdadera y entera dádiva del alma a Dios” [51]. Eckhart había dicho que “el alma engendra de sí a Dios de Dios en Dios”, y que “lo hace donde es deiforme, donde es imagen de Dios, allí le da a luz de sí” [52].

Para el P. Congar: “Dios, el Dios Trinidad, existe verdaderamente fuera de sí mismo por sus misiones divinas” [53]. Una exposición amplia de la teología de la deificación (o divinización) según la interpretación tomista es la que presenta S. I. Dockx. [54].

Entre los temas abordados por el Maestro Eckhart en su predicación, ninguno prefiere al del misterio trinitario y su acción divinizadora en el espíritu.


Fr. Brian Farrelly, O.P.
Roma



Fr. Brian Farrelly, O.P.
La ‘vía Eckhardi’ como itinerario espiritual para la unión con Dios
Revista Ciencia Tomista
Tomo 127. Núm. 412. Pp. 361-373.
Mayo-Agosto, 2000
Salamanca 2000


Notas:

* Con el término Lebemeister (maestro de vida), el P. Brian se refiere al Maestro Eckhart.

[1] La semejanza de lenguaje entre las obras místicas escritas originariamente en neerlandés por el beato ermitaño agustiniano de Groenendaal (Valle Verde), cercano a Bruselas, aparece en múltiples ocasiones. Su doctrina, como la de Eckhart, reviste un carácter especulativo. La trascendente esencia divina es “sin diferencia, sin modo”: es “pura esencialidad del ser divino que es Deidad”. Las Personas divinas viven inmersas en el “abismo sin fondo de su unidad donde no hay Padre, ni Hijo, ni Espíritu Santo”; Dios es un “nada” de creado: la creación entera se vuelve a Dios buscando en él su descanso: es en orden a lo creado, como se le llama Dios. La unión con Dios es de orden intencional (objetivo), no óntico: según causalidad ejemplar. Dios nos conocía antes de que fuésemos, etc. Ver A. Ampe, Theologia mystica secundum doctrinam B. Joannis Rusbrocchii  (Amberes 1957), y la síntesis Jean Ruusbroec (bienhereux) en el DS, vol. VIII, cols. 659-697 (Paris 1974).

[2] “Ruusbroec a dû connaître Eckhart… Mais nous pensons que Ruusbroec a formé le fond de sa pensé spirituelle à partir de son milieu et qu’ il était suffisamment mûri, stabilisé dans sa propre spiritualité, lorsqu’il rencontra telle ou telle oeuvre d’ Eckhart” (A. Ampe, art. cit., col. 694).

[3] Algunos de estos autores espirituales censurados fueron más tarde canonizados por la Iglesia: el jesuita san Francisco de Borja y el sacerdote secular san Juan de Ávila; cuanto a fray Luis de Granada, se encuentra adelantado el proceso para su beatificación. Para las vicisitudes de esos tiempos puede verse B. Farrely, Historia de un clásico de la literatura espiritual: El Libro de la Oración y Meditación de Fray Luis de Granada, en “Estudios teológicos y filosóficos”, Buenos Aires, 10 (1979) 7-146.

[4] I-II. 82. “Devotio” viene de “devovere”, uno de cuyos significados es “ofrecerse a sí mismo”, “darse del todo”, con que concuerda “la prontitud para entregarse” al servicio divino, de santo Tomás y la Gelassenheti, de Eckhart.

[5] Quizá san Juan de la Cruz haya conocido la doctrina de Eckhart a través de Taulero, cuyas obras corrían impresas en español. Cf. J. ORCIBAL, Saint Jean de la Croix et les mistiques rhéno-flamands (Brüges-Paris 1966).

[6] “Er ist ganz und gar unser Eigen, un dalle Dinge sind unser Eigen in ihm” (P 5, In hoc apparuit caritas dei, DW 1, p. 447).

[7] Dichos de luz y amor. Oración del alma enamorada, en San Juan de la Cruz, Obras completas, edic. de LUCINIO RUANO DE LA IGLESIA, O.C.D. (Madrid 1982) 45.

[8] De kreuzwissenschaft (Louvain 1950).

[9] II Sent., d. 26, q. 1, a. 4, ad 3: “Gratia confert animae perfecionem quodam divino ese… secundum quod, gratia habentes, deiformes constituuntur.”

[10] “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada” (Juan 14, 23); “como el Padre me amó, yo también os he amado” (ibid., 15,9); “el Espíritu de verdad permanece con vosotros y está en vosotros”(ibid, 14,17).

[11] “Pater generans, Filius nascens, Spiritus Sanctus procedens” (Conc. Ecum. XII, Laternan, IV, a. 1215; cf. DENZ.-SCHÖNM. 800); “Pater a nullo, Filius a Pater solo, ac Spiritus Sanctus pariter ab utroque”(ibid).

[12] “In spiritualibus, quando natus est esse mutuus contactus, non completar actio sine contactu mutuo. Ipse autem Deus, qui iustificat impium, tangit animam, gratiam in ea causando. Mens autem humana aliquo modo tangit Deum, eum cognoscendo vel amando” (S. THOMAS, Quaest. Disp. De veritates, q. 28, a. 3, in c.)

[13] “La caridad alcanza al mismo Dios para estar en él” (S. Theol, II-II, q. 23, a. 6: Caritas attingit ipsum deum ut in ipso sistat”): La participación formal analógica de la naturaleza divina por gracia de adopción (cf. S. thel. P. III q. 3, a.4 ad 3) es distinta de la participación de la Persona divina (terminative spectatam), que es una especial relación y unión del alma con una Persona presente por misión invisible (cf. I Sent q. 15, q. 4 a.1).

[14] Cf. S. Theol. 1 q. 43, a. 3 in c.

[15] “So gebiert Gott der Vater seinen Sohn in wahrer Einheit der göttlicen Natur. In der gleichen und in keiner andern Weise gebiert Gott der Vater seinen Sohn in der Seele Grunde und in ihrem Sein und vereignet sich so mit ihr”. P 57, Dum médium silentium, en QUINT, Deutsche Predigten und Traktate (München 1979) 418.

[16] “das Höchste der Seele” (P. 22, Ave, gratia plena, DW I, p. 519).

[17] “Wo der Vater seinen Sohn in mir gebiert da bin ich derselbe Sohn und nicht ein anderer” (P 4, Omne datum optimum, DW I, pp. 444-445).

[18] “Nun soll der Mensch so leben das ser sins sei mit dem eingeborenen Sohne und dass der eingeborene Sohn sei. Zwischen dem eingeborenen Sohne und der Seele ist kein Unterschied” (P 10. In diebus suis placuit deo, DW I, p. 470). Censurado en Bula In agro dominico, art. 22.

[19] “mehr Gott als Kreatur, … er ist wahrlich dasselbe durch Gnade, was Gott ist von Natur” (P. 27, Euge serve bone et fidelis en QUINT, o.c., p. 274).

[20] “Die Seele gebiert aus sich (heraus) Gott aus Gott in Gott” (P 43, Adolescens tibi dico, DW II, p. 699); “So wahr der Vater in seiner einfaltigen Natur seinen Sohn natürlich gebiert, so wahr gebiert er ihn in des Geistes Inmigstes. … Hiert ist Gottes Grund mein Grund und mein Grund Gottes Grund. Hier leve ich aus meinem Eigenen, wie Gott aus seinem Eigenen lebt” (P 5b, In hoc apparuit caritas dei, DW I, p. 450).

[21] “Er ist ganz und gar unser Eigen un dalle Dinge sind unser in ihm” (ibid).

[22] San Juan de la Cruz dice al respecto: “Siendo ella (el alma) por medio de sustancial transformación sombra de Dios, hace ella en Dios por Dios lo que él hace en ella por sí mismo al modo que (él) lo hace, porque la voluntad de los dos es una, y así la operación de Dios y de ella es una. De donde como Dios se le está dando con libre y graciosa voluntad, así también ella, teniendo la voluntad tanto más libre y generosa cuanto más unida a Dios” (Llama de amor viva. Canción 3, 78; en la edición Ruano de las Obras completas, p. 853.

[23] “Der Vater gebiert seinen Sohn ohne Unterlass, und ich sage mehr doch: Er gebiert mich als seinen Sohn und als denselbe Sohn. Ich sage noch mehr: Er gebiert mich nicht alleill als seinen Sohn; er gebiert mich als sich und sich als mich und mich als sein Sein und als seine Natur. Im inmersten Quell, da quelle ich auchim Heiligen Geiste. Weil der Vater ein Werk wirkt darum wirkt er mich als seinen eingeborenen Sohn ohne jede Unterschied” (P 6, Iuste vivent in aeternum, DW I, p. 454).

[24] “Der Vater gebiert seinen Sohn in ewigen Erkennen, und ganz so gebiert der Vater seinen Sohn in der Seele wie in seinen eigenen Natur, und er gebiert ihn der Seele zu eigen” (P 4, Omne datum optimun, DW I, p. 444)

[25] Cf. R. SCÜRMANN: “Si pour Aristote et Thomas d’ Aquin (le) schéma d’ intellection active et la production du verbe ne s’ applique qu’ à la connaissance du monde, Maître Eckhart le prend à son compte dans le contexte de sa théologie de l’ unión; l’ homme détaché conçoit et engendre le Verbe lui même, le Fils du Père”. En Maître Eckhart, ou la joie errante (Paris, 1972) 47.

[26] “Der ewige Vater gehiert seinen ewigen Sohn in dieser Kraft ohne Unterlass so, dass diese Kraft den Sohn des Vaters und sich selbst als denselben Sohn in der einigen Kraft des Vaters mitgebiert” (P 2, Intravit Jesus in quoddam castellum, DW I p 436).

[27] “So muss du, wahrlich, wem du diese edle Geburt finden willst, alle Menge Lassen und muss zurückkehern in den Ursprung und in den Grund, aus dem du gekomment ist” (P. 59, Et cum factus essel Jesus, en QUINT, o. c., p. 432).

[28] “Ware ich aber nun aus mir selbst ganz ausgegangen und meiner völlig ledig geworden, ei, so würde der Vater von Himmel seinen eingeborenen Sohn in meinem Geiste so lauter gebären, dass der Geist ihn wiedergebären würde” (P 42, Aolescens, tibi dico, DW II, p. 695)

[29] “Soll ich Sohn sein, so muss ich in demselben Sein Sohn sein, in dem er Sohn ist, und in keinen anderem” (P 30, Paedica verbum, DW II, p. 656).

[30] “Wo der Vater seinen Sohn in mir gebiert, da bin ich derselbe Sohn und nicht ein anderer; wir sind wohl verschieden in Menschsein, dort aber bin ich derselbe Sohn und nicht ein anderer: ‘Wo wir Söhne sind, da sind wir recte Erben’ Rm 8, 17).” (P 4, Omne datum perfectum, DW I. pp. 444-445).

[31] “Eine Schrifl sagt: ‘Niemand erkennt den Vater als der Sohn’, und deshalb: Wollt ihr Gott erkennen, so müsst ihr dem Söhne nicht allein gleich sein, sondern  ihr müsst der Sohn selber sein” (P 16b Quasi vas auri solidum, DW I, p. 494).

[32] “Die Seele soll sich im Shone dem Vater opfern, und so wird sie mit dem Shone von dem Vater geliebt” (P 31, Ecce ego mitto angelum meum, DW I, p. 659).

[33] “Wo die Kreatur endet, da beginnt Gott zu sein. Nun begehrt Gott nichts mehr von dir, als dass du aus dir selbst ausgehest deiner kreatürlichen Seinsweise nach und Gott in dir sein lässt” (P 5b, In hoc apparuit caritas, DW I, p. 451).

[34] “Du sollst ganz deinem Deinsein entsinken und in sein Seinsein zerfliessen, und es soll dein Dein in seinem Sein ein mein werden. … Gott muss schelechthin ich werden und ich schlechthin Gott, so völligeins, das dieses ‘Er’ und dieses ‘Ich’ Eins ist, werden und sind und in dieser Seinsheit ewig ein Werk wirken” (P 83, Renovamini spiritu mentis vestrae, DW III; en QUINT, o.c. P 42, pp. 353-354). El “él” y el “yo” se refieren a Dios y el alma.

[35] “Da verliert die Seele ihren Namen und ihre Kraft, nicht aber ihr Sein. Da bleibt die Seele in Gott, wie Gott in sich selbst bleibt”. (P 80, Homo quidem erat dives, DW III, en QUINT, o.c. P 55, p. 410).

[36] “Der Vater liebt nichts als den Shon und alles was er in seinem Shon findet” (P 31, Ecce ego mitto angelum meum, DWII, p. 659).

[37] “Gott hat nur eine Liebe: mite ben dieser gleichen Liebe, mit der der Vater seinen eingeborenen Sohn liebt, mir der liebt er mich” (P. 45, Beati, qui esuriunt, en QUINT, o.c. p. 371).

[38] “Sehet, welche Liebe uns Gott geschenkt hat, dass wir Gottes Kinder (niños) geheissen werden und sind” (1 Joh 3,1). Er sagt nicht ‘geheissen werden’ sondern auch ‘sind’. Ebenso sage ich: Sowening der Mensch weise sein kann ohne Wissen, sowening kann er Shon sein ohne das sohnhafte. Sein des Shones Gottes hat. … Daher: Sollst du der Sohn Gottes sein, so kannst du nicht sein, du habest denn desselbe Sein Gottes, das der Shon Gottes hat” (P 76, Videte qualem caritate, DW III, en QUINT, o.c. p. 317). “Durch das Haben desselben Seins werden wir ihm gleich und sehen wir ihn, wie er Gott ist” (ibid.).

[39] “Von (ihm) allein, sofern er Gottes Geist und Gott selbst Geist ist, der Sohn in uns empfangen wird” (Buch d.g. Tröst., DW V, p. 480). Eckhart está aquí hablando de la “obra interior, en el corazón de Dios” (das innere Werk in Gottes Herzen) o sea conforme a las procesiones divinas: (Der) Ausfluss (des Heiligen Geistes) aus allen denen, die Gottes Söhne sind, je nachdem sie minder oder mehr rein nur von Gott allein geboren sind, nach Gott und in Gott überbildet” (ibid.).

[40] “Alle Heiligheit stamnt vom heiligen Geist. … Der Heilige Geist nimmt die Seele und läutert sie in dem Licht und in der Gnade und zieht sie hinauf in das Allerhöchste” (P 18, Adolescens tibi dic, DW I, p. 499).

[41] “Der Heilige Geist nimmt die Seele… im Lautersten und Höchsten und trägt sie hinauf in seinen Ursprung, das ist der Shon, und der Shon trägt sie weiter in seinen Ursprung, das ist in dern Vater, in den Grund, in das Erste, darin der Shon sein Sein hat” (ibid., p. 500). Decía santo Tomás: “así como por la salida de las cosas (in exitu rerum=Ausfluss, en Eckhart) de su principio procede la bondad divina a las criaturas por cierta semejanza con ella recibida en la criatura, así el retorno a Dios de la criatura racional se entiende según la procesión de una divina Persona representada en el alma por cierta semejanza recibida en ella (según lo) que es propio de la Persona, como el modo propio en que el Espíritu Santo se refiere al Padre es el amor, y como el modo propio del Hijo es en cuanto verbo que le representa” (I Sent., dist. 15, q. 4 a. I, in c.).

[42] “Die Kraft des Heiligen Geistes nimmt das Lauterste und das Feinste und das Höchste, das Fünklein der Seele und trägt es ganz empor im Brande, in der Liebe” (P 20b, Homo quídam fecit, DW I, pp. 509-510)

[43] “Wie ich es nun vom Baume sage: der Sohne Kraft nimmt in der Wurzel des Baumes das Lauterste und das Feinste und zieht es ganz hinauf bis in den Zweig; dort wird es zu Blüte (ibid. P. 510). De modo similar obra el Espíritu Santo respecto a la “chispita” del alma, su vértice más “fino”, elevándola a su primer origen.

[44] Cf. Summa theol. I, q. 40, arts. 3 y 4. En este sentido emplea el Maestro Eckhart la “anterioridad” de la Deidad al origen de las Personas por las procesiones divinas, “donde (Dios) es en sí mismo antes (ehe) que (el Padre) se vierta en el Hijo y en el Espíritu Santo (P 21, Unus deus et pater ómnium DW I, p. 514). La “chispita” del alma busca el Fondo simple de Dios (la Deidad), el “quieto Desierto en que no se encuentra ninguna distinción, ni de Padre, ni de Hijo, ni de Espíritu Santo”. (Das Fünklein) “will in den einfaltigen Grund, in die stille Wüste, in die nie Unterschiedenheit hineinlugte, weder Vater noch Sohn noch Heiliger Geist” (P 48, Alle gleichen Dinge, DW II, p. 713).

[45] “Gott ruht nicht da, wo er erste Beginn ist; er ruth da, wo er Endziel und Ras talles Seins ist. … Was ist das letzte Endziel? Es ist das verborgense Dunkel der ewiger Gottheit und ist unerkannt und war nie erkennt und wird nie erkannt werden, Gott bleibt dort in sich selbst unerkennt, und das Licht des ewigen Vaters hat da ewiglich hineingeschienne, aber die Finsternis begreift das licht nicht”. Cf. Joh. 1,5. (P 22, Ave, gratia plena, DW I, p. 520).

[46] Éxodo 20,21; 24, 25ss.

[47] “Die verborgene Finsternis des unsichtbarenLichtes der ewigen gottheit ist unerkannt und wird auch nimmermehr erkannt werden. Und das Licht des ewigen Vaters hat ewiglich in diese Finsternis geschienne, aber die Finsternis begreift das Licht nicht” (P 51, Haec dicit dominus, DW II, p. 726).

[48] Cf. G. HOFMANN, Johannes Tauler Predigten, Johannes Verlag (Einsiedeln 1979), p 83, p. 623. Toda la doctrina de este sermón está tomada de Eckhart.

[49] “Die Kraft des Vaters ruft den Menschen in sich durch seinen eingeborenen Sohn, und wie der Sohn geboren wird aus dem Vater und zurück fliesst in den Vater, so wird der Mensch in dem Sohn von dem Vater geboren und fliesst mit dem Sohn zurück in den Vater und wird eins mit ihm” (ibid., Pred. Quod scimus loquimur, n. 29, p. 202). “Und da giest sich der Heilige Geist in unaussprechlicher überragender Liebe und Lust aus und durchströmt und du chfliesst den Grund des Menschen mit seinem lieblichen Gaben” (ibid., p. 203)

[50] Ibid., Sermón I, en la Fiesta de Nvidad, p. 15.

[51] Ibid., Sermón 29, en la Fiesta de la Trinidad, p. 202.

[52] Ibid., p. 203.

[53] “La théologie latine fondée sur la doctrine si profonde des missions divines voit dans la communication de grâce une suite, dans le créé, des processions éternelles. Par les missions du Verbe et de l’ Esprit, avec leurs effets de grâce, Dieu, le Dieu Trinité, existe vraiment hors de lui même” (Y. CONGAR, Je crois à l’ Esprit Saint (Paris 1985) 3, 205.


[54] Cf. S. I. DOCKX, O.P., Fils de Dieu par grâce (Paris 1948). Aplicando esta doctrina a la vida espiritual, el padre PAUL HINNEBUSCH, O.P. escribe: “The Father can be kow only when the Son takes us into his very heart, so that we know the Father only by sharing in the Son’s own eternal relationship with him, only by entering into the relationships of the three divine Persons with one another. To be beloved sons and daughters in the Beloved Son means nothing less tan that. … It is to be fully involved in the relationship of the three divine Persons. Such is the heavenly banquet to wich the Lam bis calling us”. (En Praise God, Dimension, N. Jersey, pp. 217-218).